Hollow Knight: Perderle el miedo al metroidvania

Hollow Knight: Perderle el miedo al metroidvania

Los metroidvania y yo no nos llevamos muy bien precisamente. Es un género que me aterroriza más que el survival horror y he dejado pasar muchísimos títulos que me han llamado la atención al enterarme de que forman parte de este tipo de juegos.

Con eso en mente, es cierto que en mi biblioteca están cogiendo polvo algunos de los representantes de dicho género, que se han abierto un hueco haciendo resonar en mi cabeza la frase “ya los jugaré”. Casualmente, Hollow Knight es el título favorito de un amigo mío, que me incitó a jugarlo y darle una oportunidad.

Ahora viene cuando os cuento el viaje emocional que ha sido enfrentarme a este juego y el cambio de mentalidad que me ha producido.

SOLEDAD COMO IMPEDIMENTO

Esa aversión al metroidvania es una adquirida, pues no nací con ella. En los últimos años, he pasado por varias situaciones que han hecho crecer en mi un pánico a la estructura jugable de “estás sole en un lugar hostil que no conoces, venga, explora”.
Esto sumado a la falta de un marcador que me señale a donde ir hace que se despierte un miedo real que tengo y con el que llevo tiempo luchando. Esto ha hecho que no pueda disfrutar en su totalidad de obras maestras como Bloodborne, el cual tengo pendiente rejugar cuando haya mejorado del todo.

Sumadle a esto que padezco aracnofobia y, siendo Hollow Knight un universo de insectos, es más que obvio que en algún momento iban a aparecer arañas. Ya llegaremos a esto más adelante, veréis que risas.

Y aún con esas, le prometí a mi amigo que lo jugaría, ya que me gusta darle una oportunidad a los títulos favoritos de las personas que aprecio para ver si pueden marcarme tanto como a elles.

LOS SIMPÁTICOS BICHITOS, ¿A DONDE IRÁN?

Cuando el protagonista de esta historia aparece, aguijón en la espalda, mirando a la lejanía sobre una elevación del terreno y le vemos saltar mientras oímos el viento a su espalda, sabemos que nos hemos apuntado para algo especial.

Hollow Knight es uno de esos maravillosos ejemplos de mundo ficcional. Uno que realmente aprovecha la imaginación de la gente que hay detrás para entregar algo fresco, solemne y bello a parte iguales. Me dio la misma sensación que la primera vez que entré a Rapture en Bioshock o cuando llegué al Lecho de los No Muertos en el primer Dark Souls.
Esa sensación de que algo hermoso se ha arruinado y ahora nos movemos por los escombros de lo que antaño fue algo glorioso.

Y entonces me soltó sin mapa en un lugar hostil. Por suerte, gracias a su magistral apartado artístico el juego logra guiar tus emociones lo suficiente como para que no entres en pánico hasta que toca hacerlo.
Y esto no solo lo hace con los enemigos (cuyo diseño oscila entre lo adorable y lo mitológico, pasando por el más puro y absoluto terror), sino que lo utiliza de forma inteligente con aliados y NPCs varios para crear situaciones subversivas e inesperadas.

EL CARTÓGRAFO: MI PADRE

Encontrar al cartógrafo y comprar un mapa hizo que cambiara mi enfoque al juego.

Ahora el ambiente hostil de pronto deja de ser opresivo y, por fin, empiezo a escuchar el llamado a la aventura que tanto me prometían.
El mapa de Hollow Knight está utilizado de una manera muy inteligente, no solo obligándote a gastar recursos en actualizarlo en las zonas nuevas, sino con el hecho de que no muestra donde estás ni completa automáticamente las zonas por las que pasas a menos que compres ítems específicos.

Con esto en juego, deja de hacerte sentir que eres una presa y comienzas a pensar que eres un explorador. Alguien con un objetivo claro, que debe encontrar su camino poco a poco y abrirse paso por paisajes hermosos habitados por criaturas fantásticas.

Cada nueva zona, cada nueva geología contribuye a esa idea; todo lugar cuenta una historia tanto por su diseño visual como por el comportamiento de los enemigos. Lugares como el Poblado Mantis (basado en una tribu guerrera) o Ciudad de Lágrimas (basada en mi habitación) y es tu trabajo descubrirla o simplemente visitarla como un lugar más en tu camino a tu objetivo real.

Sensación que no compartía desde 2012, con la llegada de Dark Souls a mi vida.

OJITO CON LA MENCIÓN A DARK SOULS

Que no la he hecho por la dificultad del juego, ya que no me parece un título extremadamente complicado. Esa mención viene, primero de todo, porque es un título que cambió mi forma de ver el videojuego y, segundo, porque fue la primera vez que vi esa forma de contar una historia.

Y no solo se aplica al escenario por suerte, también a los enemigos y especialmente a los jefes. Si algo he aprendido al volver a las artes marciales es que el dicho de “Conoces a alguien cuando luchas con él” es cierto, y eso puede experimentarse en este título.

Tu sabes qué tipo de guerrera es Hornet cuando la enfrentas, sabes la forma de subsistir de Nosk sin que diga ni una palabra viendo su aproximación al combate y entiendes la vida que lleva el Defensor del Estiércol solo con ver como se mueve. Y ya sé que esto no es algo nuevo, no estoy alabando al título por su innovación, si no por su calidad.

Y TOCA HABLAR DE LAS ARAÑAS DE UNA VEZ

El mayor momento de catarsis que tuve jugándolo fue en esa condenada zona. Como ya he mencionado anteriormente padezco aracnofobia… Y se ha ido acrecentando con los años. Por su culpa no he podido avanzar en juegos como Nioh ni puedo rejugar Skyrim en paz.
Pues tocó enfrentarse a una zona plagada de este temor en este título. Y me gustó. Yo tampoco me lo explico.

No malinterpretéis mis palabras; fue una auténtica pesadilla. Tuve que quitar el volumen y poner música para cruzar por ahí… Pero es que, de nuevo, como está construida a nivel argumental esa zona hizo que no quisiera echarme atrás.

Y cuando esperaba encontrarme una araña gigante al final, como ocurre en absolutamente todos los juegos con zonas de temática similar, Hollow Knight pateó a mis expectativas e hizo que un juego interesante pero que me aterraba se convirtiera en uno que debía completar, miedos incluidos, porque no podía soltar una experiencia así. Ahora no. Y menos por algo como un miedo irracional.

Ese poder, esa fuerza y ese sentimiento son cosas infrecuentes. Esta no es la norma. Pero ocurrió. El miedo se convirtió en una necesidad de seguir adelante, y todo gracias a la zona arácnida. Aún con esas, cuidado al jugar si también tenéis aracnofobia, ya que aún no puedo mirar los diseños de esos personajes sin sufrir.

LA EXCELENTE NOTA FINAL

El canto de cisne del título está, como no debía ser de otra forma, al final. Y es una lástima que no os vaya a contar lo que ocurre, porque podría estar horas y horas redactando la mezcla de sensaciones que producen las últimas horas de la aventura.

Un broche de oro es la mejor forma de describir la última zona de Hollow Knight. Es el momento donde todas las piezas de las que hace gala encajan para formar una imagen mayor. Y quizá desde fuera (o incluso desde dentro para otro tipo de persona) solo pueda parecer que me emociona demasiado la culminación de esta obra, pero pocas imágenes han tenido el mismo impacto y han golpeado con tanta potencia en mi cuerpo.

¿Y sabéis lo mejor? Que nadie que me pregunte directamente sabrá exactamente a qué imagen me refiero, dado que es un continuo torrente de momentos agridulces hechos para jugar con tu corazón. El mío está guardado dentro de mí, esperando a que revisite esta obra para volver a encontrarlo. Y para les que ya lo hayáis jugado, espero que ese momento también espere que lo visitéis de nuevo.

LA PÉRDIDA DEL MIEDO AL METROIDVANIA

 

Hollow Knight me ha abierto las puertas a un género cuyo máximo exponente para mí era Guacamelee (el único metroidvania que había completado antes) y ahora me hace sentir entre abrumado y emocionado.

Emocionado por poder descubrir un buen puñado de obras que me he perdido. De por fin instalar Blasphemous o jugar a Super Metroid y zanjar una cuenta pendiente con mi yo de 4 años.
En cambio, abrumado por la inmensidad de títulos que debo paladear que quizá no sean tan clementes con mi persona.

Sea como sea, te debo mucho, Hollow Knight. Y espero que, con estas palabras, más gente comprenda lo especial que eres.

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