Death Stranding, entre agua y vino

Death Stranding, entre agua y vino

Sobre Death Stranding, el agua y el vino. Hace años, cuando estaba en secundaria, leí una frase de Mark Twain que se quedó en un rincón de mi cabeza: “Mis libros son como el agua; los de los grandes genios son vino. Pero afortunadamente, todo el mundo bebe agua”

Es una frase que interpreté mal, pues en la cultura popular el vino se atribuye a la sofisticación, una bebida que disfrutan intelectuales hecha solo para paladares que lo merecen.

Luego crecí y probé el vino, en concreto, lo probé mezclado con una bebida con sabor a cola que no se si puedo mencionar por copyright, y la frase ya cambió de sentido para mí, junto a la connotación que se le daba al vino. No sabía muy bien a lo que se refería Mark Twain, aún sigo dudándolo un poco. Y entonces compré Death Stranding.

HABLEMOS DEL REPARTO

 

Fácilmente el juego más divisivo de 2019 llegó a mi casa el mismo día que su “rival” para el GOTY, Sekiro: Shadows Die Twice, pero me interesaba más la obra de Kojima que la de From Software debido a lo diferente que se veía de todo lo demás que había catado ese año (y porque aún sigo pegándome con el jefe final de Sekiro).

Y cuando lo jugué… Menuda maravilla me pareció. Me gustaba todo de ese título; sus paisajes, sus actuaciones, como daba nueva vida al Walking Simulator con sus mecánicas, el cómo podías entrar en estado zen mientras jugabas y simplemente estar en paz…

 

Hasta los momentos “malos” me gustaban, como esos enfrentamientos tan forzados contra jefes o contra los BTs (no el grupo) que te encontrabas por el camino, debido a como cambiaban la dinámica general. Encontraba satisfacción y hasta algo de calma en el ciclo de “ve aquí, coge la carga, entrégala, relájate en la habitación, repite”.

Ayudaba también el hecho de que el juego ponga tanto énfasis en la esperanza y en que poco a poco podemos ser mejores y salir adelante. Nadie en Death Stranding te recibe con malas palabras (quitando al villano), todo el mundo siempre tiene algo bueno que decirte incluso tras haber sufrido lo indecible en su vida pasada. ¿Significa esto que Death Stranding es hopepunk? Puede ser…

 

EL VINO PIERDE COLOR

Menuda fue mi sorpresa al ver que este juego no estaba calando muy bien. Mucha gente lo catalogaba de timo o de que no daba lo que prometía, que querían acción en lugar de caminar porque “Kojima ha hecho Metal Gear”. Y compañeros de clase, incluidos tutores cuya opinión respeto profundamente, opinaban igual. Que Kojima les había fallado y había hecho un walking simulator pero con mucho prespuesto.

Son, sin duda, opiniones, igual que todo lo que vaya a soltar yo aquí. Death Stranding es un juego del que es difícil hablar ya que según he comprobado o te encanta o lo detestas (creo que queda claro donde estoy yo en esa balanza) y es muy difícil no estar condicionado por ello a la hora de escribir… Pero después de todo, la objetividad no es algo que exista, y es gracias a este título que lo he descubierto.

¿Por qué? Porque el juego cumple todo lo que ha prometido; las mecánicas son únicas y responden bien, el casting es el esperado, tiene una muy buena historia (que no es tan complicada como parece, es solo que a Kojima le gusta dar más vueltas que a un pingüino en un pozo), y gráficamente es impecable. Eso “objetivamente” lo haría un juego estupendo.

Pero aún con eso, aún con todas sus virtudes, no puede impedir que un “a mí no me ha gustado” salga de la gente que lo ha jugado.

AÚN CON ESAS, QUIERO VOLVER

 

Porque habrán sido 40 horas caminando, pero ha sido uno de los mejores paseos de mi vida. Cada gadget nuevo, cada palabra amable, cada vez que una estructura de otro jugador me salvaba, están guardadas en mi memoria con un cariño especial. Adoro como un juego tan solitario se las apaña para que recuerdes que siempre hay alguien contigo, compartiendo esta carga, y que lo mejor es apoyarse de buena gana para progresar.

Porque ese camino que tú has recorrido es difícil. Y sabes que cuesta. ¿De verdad quieres que los que vayan detrás lo pasen tan mal?

Todas las anécdotas sobre este título que he oído tienen que ver con cómo una estructura de otro jugador les salvó la vida o como arriesgaron todo el encargo que les había llevado media hora transportar solo para poder cumplir el envío de un compañero caído. Nadie habla de los combates o de cómo entró a las bravas a un campamento de los MULAS para robarles los materiales. Es un juego que mantiene a su comunidad muy unida y enfocada en ayudarse, y todo ello sin decirlo explícitamente, solo dándote la posibilidad de aportar a la cadena de favores y no dejar a nadie en la estacada.

 

Y AÚN ASÍ, ENTIENDO QUE NO GUSTE

 

Es que lo comprendo perfectamente, además.

Soy un partidario de que el hype mata a las obras, y creo que este juego fue una víctima de ello. Nadie sabía muy bien a qué se enfrentaba y la publicidad no ayudó.

Sumado a esto, por mucho que haya hecho para destacarse como walking simulator y las ideas tan buenas que toca en su narrativa, sigo pensando que hay otros juegos de esta índole que son más sencillos de abordar y que también hacen cosas increíblemente interesantes con lo que tienen.

Death Stranding no llega a la creatividad de What Remains of Edith Finch. No explora las relaciones humanas ni la mitad de bien que lo hizo Firewatch en su momento. Tampoco me ha hecho cuestionarme mi existencia ni el qué significa estar vivo, como hizo SOMA.

Lo que sí que ha hecho es lograr que no me sienta solo en un momento en el que precisamente necesitaba . Quizá por eso este título me gusta tanto.

Entonces, ¿Death Stranding es agua o es vino?

Sinceramente, aún no lo sé.

Este artículo es igual que mi cabeza cuando intento reflexionar sobre esta obra y exprimirla: un caos, algo confuso, pero claro en su mensaje. Creo que nunca podremos catalogar algo como vino o como agua, creo que ni Mark Twain podía y que solo se le había ocurrido una buena frase para ser humilde y a su vez decir que lo estaba petando como escritor.

 

No se gente, yo probé el vino mezclado con otra bebida, y cuando lo probé solo descubrí que solo me gusta el tinto y que no puedo con el blanco. ¿Hace eso que un tipo de vino sea superior a otro y que sea algo que solo pueden disfrutar las élites?

Pues no la verdad, igual que el hecho de que el 90% de las veces vaya a preferir beber agua.

Hace poco he visto la trilogía del Padrino y por mucho que me guste y por mucho que aprecie lo que hizo por el cine, el 90% de las veces voy a preferir sentarme a ver John Wick 2 porque esta última siempre tengo ganas de verla y no me pide tanta implicación. Y nadie puede dudar de la calidad de John Wick 2, aunque la haya puesto como ejemplo de agua.

 

Conclusiones (si es que las puedo llamar así)

Lo que le tengo que conceder a la obra de Kojima es que ha venido para quedarse en mi cabeza. Se ha aferrado a una esquina y no se quiere ir de ahí. Pide que le haga un análisis más formal, pero a su vez que simplemente me deje llevar por lo que me hizo sentir y dar mi opinión subjetiva.

En lugar de eso, yo he hecho una reflexión, sin conclusión clara, pero es que eso mismo es lo que he sacado del juego. Nunca sabré si es una obra malinterpretada que solo disfrutamos unos pocos elegidos (aunque no tenga tanto ego como para considerarme así) o si es algo accesible a todos que tuvo mala suerte por cargar a su espalda con el peso de nombres de titanes.

Y dicho esto, creo que voy a reinstalar el juego y a seguir reflexionando sobre él mientras disfruto de los encargos y de la playlist que Kojima nos coló en el juego. Vosotros podéis reflexionar sobre la metáfora del vino y del agua, quizá saquéis algo más en claro de lo que he sacado yo.

 

Un comentario en «Death Stranding, entre agua y vino»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.