El videojuego también llora

El videojuego también llora

En un reciente Like & Dislike, un espacio semanal del canal de YouTube de Eurogamer, Pep Sànchez destacó una curiosidad que le llamó la atención: Fumito Ueda sale al final de los créditos de la remasterización de Shadows of the Colossus. Esta obra es una que representa especialmente bien la etapa que atravesamos en el medio del videojuego. Pero este detalle también ilustra a la perfección un gran defecto de nuestra idiosincrasia.

Vivimos (o malvivimos) en una época en la que idolatramos al videojuego. Los disfrutamos y experimentamos; intentamos aprenderlos, comprenderlos y buscamos las maneras de profundizar en él. Los jugamos, en definitiva. Llevamos años escudándonos desde este lado en la errática premisa de que este es un medio joven para huir de debates y de reflexiones más sesudas. Pero ahora, muy poco a poco y dejando de lado a aquellos energúmenos que no representan a la industria, empezamos a sentirlos de verdad. Desde luego, vemos que Shadow of the Colossus no es un simple juego de matar montañas vivientes.

Pero Fumito Ueda, artista y creador, queda relegado al final de la pantalla de créditos.

«Somos más de personas que de personajes»

Es ilustrativo de nuestra idiosincrasia como comunidad, decía, porque refleja la tendencia que seguimos buena parte del sistema. Nos empapamos de videojuego, pero nos olvidamos que detrás de cada mando, de cada artículo y de cada título hay otros como nosotros. Alabamos al videojuego, pero desprestigiamos a las personas. El ser humano, en tanto que es emocional y racional, es social. Nuestro rasgo distintivo es que nos relacionamos entre nosotros. Y, si bien es cierto que necesitamos la proyección artística y académica, no podemos olvidarnos de la humanitaria.

El nuevo proyecto Manual, dirigido por Nacho Requena, nace bajo esta premisa. “Somos más de personas que de personajes” reza un lema que sintetiza la forma de ser de esta nuestra comunidad, que apenas comienza a conocerse a sí misma. La revista, construida e hilada a partir de diferentes personalidades del sector y centrada en el componente humano, refleja la idea de que nos centramos demasiado en las obras y dejamos de lado a las personas.

Y es cierto. La necesitamos.

La necesitamos porque Fumito Ueda, creador y artista tras esa sombra colosal, sale al final de los créditos de, en definitiva, su propia obra. También lo necesitamos porque nos vuelan los dedos y la rabia en foros y redes sociales cuando un crítico pone alguna décima de menos al juego que tanto nos gusta. Incluso hasta cuando no nos agrada o no entendemos una crítica más profunda y provocativa que los análisis superficiales.

También existen FemDevs y TodasGamers. Una organización que busca el reconocimiento de la mujer en la industria del videojuego y una publicación que trata de reivindicar el maltratado papel de la mujer en la prensa del medio.

Y también las necesitamos.

Porque una mujer demuestra que es una excelente jugadora de esports y recibe amenazas de muerte. Y porque otra organiza un evento no mixto y expone una opinión en su propia red social y le boicotean el evento y consiguen que eche el candado a su Twitter. Más allá de aquellos energúmenos que no representan a la industria, necesitamos que haya figuras que defiendan el vilipendiado rol de la mujer del videojuego. Sean desarrolladoras, sean periodistas o sean jugadoras.

Necesitamos comprendernos y conocernos entre nosotros. Está genial que avancemos como medio artístico, pero de poco vale ahondar en la supuesta profundidad de Uncharted y The Last of Us, Dark Souls o The Witness si no conocemos a Neil Druckmann, Hidetaka Miyazaki y Jonathan Blow. Son ellos, junto con los jugadores a los que insultamos si nos roban una muerte, los verdaderos motores del avance de este mundillo. Y tenemos que conocerlos y alabarlos tanto como al videojuego si de verdad queremos que el videojuego avance.

Hace unos meses Chris Bratt publicó en Eurogamer un (recomendadísimo) reportaje sobre la historia de Davide Soliani, el director de Mario + Rabbids Kingdom Battle. El señor que, fan de Nintendo y Miyamoto desde niño, luchó por hacerse una foto con él, de convencerle con su proyecto y que, finalmente, rompió en lágrimas cuando el propio Shigeru le pasó el testigo en el pasado E3. Su sentimiento, contagioso para todo aquel apasionado de todo esto, es la prueba de que la verdadera pasión despierta cuando la compartimos entre iguales.

Eso es lo que necesitamos. Necesitamos a Manual, a FemDevs, TodasGamers y artículos como el de Soliani. Si de verdad queremos comprender al videojuego, es imperativo que nos demos cuenta de que todo en él son personas. Personas que, como nosotros, lloran. Porque el videojuego también llora. Alabemos el medio, disfrutemos de él, profundicemos, juguemos y analicemos. Pero no nos olvidemos de ellos y ellas.

Disfrutemos de la gente, alabemos a la gente, conozcamos a la gente. Porque sí, es tremendamente duro imaginarse un The Legend of Zelda sin Link. Pero imaginad por un solo momento lo doloroso que sería un mundo sin Shigeru Miyamoto.

Este artículo se publicó originalmente en la primera versión de Voltio.

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