Puro Vicio: el consumo de videojuegos como una necesidad

Puro Vicio: el consumo de videojuegos como una necesidad

Mi relación con el consumo de videojuegos no es sana, y es probable que la tuya tampoco lo sea. Videojuegos como Dying Light 2, Elden Ring o el nuevo Horizon Forbidden West se nos acumulan en el historial. Esto es puro vicio.

¨Yo soy yo…

Soy, sin duda, un comprador compulsivo. Y como también soy muy friki, esas compras suelen tener que ver con libros, cómics, películas y sobre todo videojuegos. Esto provoca tanto un profundo remordimiento cada vez que mis ahorros van directos a la distribuidora de turno como una necesidad constante de consumir. Ver mínimo una película al día, completar un videojuego a la semana, leer un libro al mes… Llega un punto en el que experimentar todo tipo de obras se convierte más en una obligación que en algo encaminado al disfrute. Y si bien mi condición de comprador compulsivo tiene parte de la culpa, creo que el contexto en el que vivo tiene mucho que ver.

…y mis circunstancias¨

Que el capitalismo es un cáncer que puebla todos los aspectos de nuestra vida es de sobra sabido, pero nunca está de más recordarlo. La gran mayoría de la riqueza del mundo está en manos de unos pocos, mientras muchos mueren por no tener lo suficiente para sobrevivir. En medio estamos la clase media, a quien se nos inculcan que mediante mucho esfuerzo podremos conseguir poder y dinero. Y junto al capitalismo está su compañero el consumismo, dedicado a convencernos de que necesitamos una serie de cosas para ser felices. Esas cosas, a su vez, las conseguiríamos si tuviéramos ese capital por el que debemos esforzarnos, y es así como se cierra el ciclo. Por desgracia, este planteamiento llegó a la cultura hace mucho tiempo, y cada vez parece aspirar a más.

Decenas de comics distintos de forma mensual, varias plataformas de streaming abotargadas de contenido semanal, blockbusters promocionados hasta la saciedad y, por supuesto, videojuegos. Raro es el mes en el que no tenemos al menos un videojuego triple A importante a la semana. Al Triple A se suma el mercado indie, siempre emitiendo propuestas nuevas en un ecosistema voraz en el que o destacas o mueres. Además de los videojuegos Free to Play, ofreciendo actualizaciones constantes de contenido para retener a su audiencia, y atraer a nuevos acólitos a sus filas. Y este ecosistema sigue creciendo. Si miramos el mes de febrero, podemos ver una amplia miríada de videojuegos novedosos y llamativos: Dying Light 2, Elden Ring, Sifu, Horizon 2… Todos vienen acompañados de una gran anticipación fruto de unas potentes campañas de marketing, realizadas por las propias compañías.

Los jugadores no ayudan

A veces esto también lo hacen los jugadores, como es el caso de Elden Ring y su fiel y numerosa base de fans. Estas exigencias consumistas que genera el mercado son intensificadas por los designios de los fans más hardcore, que tienden a pedir obras de mayor duración, aunque ello vaya en detrimento de la propia experiencia. A veces esta situación lleva a desdeñar experiencias más centradas, pero de menor duración, como muestra el caso de la desarrolladora Emika Games. Este estudio tuvo que abandonar la industria debido al alto número de devoluciones que recibían sus videojuegos. ¿El motivo? Sus videojuegos duraban menos de dos horas, por lo que la política de devolución de Steam te permitía recuperar tu dinero al acabarlo.

La conversación en redes sociales no ayuda, ya que los temas son cada vez más fugaces. Si el videojuego de moda el día 1 de febrero es Pokemon Leyendas Arceus, tres días después llegará Dying Light 2, y ocupará el discurso. Además, se ha vuelto costumbre el evitar las redes sociales con motivo del lanzamiento de una obra importante para así evitar posibles spoilers. Cada vez hay más propuestas, además de la necesidad de consumir estas obras lo antes posible si quieres acercarte a ella sin saber nada previamente.

Dying Light 2: Stay Tuned 

En mi caso, esto es totalmente imposible. En lo relativo a cine y series simplemente intento ver lo que puedo cuando puedo, pero como periodista de videojuegos debo tratar de mantenerme informado. Y trato de hacerlo de forma empírica, experimentando de primera mano los diversos videojuegos que vayan apareciendo. Esto no solo requiere un desembolso monetario considerable, sino también muchísimo tiempo. Y si bien el tiempo libre me sobra, eso no parece ser suficiente en la actualidad. De los videojuegos lanzados estos últimos meses solo he podido completar Metroid Dread, COD Vanguard, Back 4 Blood, Halo Infinite y Bright Memory Infinite. Todos estos videojuegos se caracterizan por su escasa duración, siendo el más largo Back 4 Blood con unas 11 horas de duración.

Esto no se debe a que sean los únicos que me han interesado o que he podido adquirir fácilmente (Gracias, Game Pass), sino a la imposibilidad de completar otros tantos por su duración. Guardians of the Galaxy y Deathloop, con sus 15 horas de duración, están esperando en mi biblioteca de comprador compulsivo. Pero lo hacen asustados, paralizados ante la magnitud de un Far Cry 6 que parece dirigirse a la barrera de las treinta horas. Yendo más hacia el pasado, en mi estantería siguen aguardando Death Stranding, Assassin’s Creed Valhalla y Persona 5 Royale. Este último es especialmente sangrante, pues se trata de uno de esos videojuegos a los que dedicarle meses hasta completarlo. Y la industria no da respiro, pues este primer trimestre alberga una buena cantidad de obras, entre ellas varias de mundo abierto. De hecho, Dying Light 2 incluso ha decidido utilizar su enormísima duración como selling point. 

Durante el confinamiento inicial sentí alivio, ya que a nivel cultural parecía ser un momento idóneo para mirar al pasado, espoleados por un presente angustioso y un futuro incierto. Pronto descubrí que me equivocaba, pues la maquinaria no se detuvo en ningún momento. Las semanas posteriores al 15 de marzo de 2020 recibieron obras como DOOM Eternal, Final Fantasy VII Remake y Resident Evil 3 Remake. Mientras yo descubría la trilogía de Devil May Cry, otras tres obras se añadían a mi bucket list. Y a día de hoy esa lista es tan larga como la de Chris Jericho.

Review de Dying Light 2: Stay Human, una experiencia bastante extrema

Una verdad incómoda

Creo que es importante considerar cual es nuestro acercamiento a las cosas que nos gustan, así como las circunstancias que rodean a esas cosas. Cada vez que hacemos maratón de una serie de Netflix para evitar spoilers o compramos un videojuego que no tocaremos en meses, estamos cometiendo un error. A veces esos errores son inofensivos, pero otras veces pueden tener severos efectos sobre la salud mental. Yo por ejemplo compro videojuegos más por la inyección de serotonina que por jugarlos en ese momento. Eso después causa que sea incapaz de mirar a mi estantería sin sentir un profundo remordimiento hasta que compre otro y el ciclo se reinicie. Soy más o menos consciente de por qué actúo así y de qué debería hacer para cambiarlo. Por desgracia, la diferencia entre la teoría y la práctica es un abismo demasiado profundo como para poder atravesarlo sin sentir vértigo.

Otras personas igual de perspicaces, pero más resolutivas que yo han tratado de abordar este tema, como Deborah López, que en su texto «Opulencia Recreativa» se autoimpone una serie de normas para tratar de sanar su relación compulsiva con la compra de videojuegos y con el medio en sí. Quizá algún día yo también sea capaz de hacerlo. Hasta entonces seguiré reflexionando, y os invito a hacer lo mismo. Ahora, si me disculpáis, tengo que ir al GAME a hacer una cosa.

 

Por Nymo

2 comentarios en «Puro Vicio: el consumo de videojuegos como una necesidad»

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