Volviendo a disfrutar de los videojuegos: mi experiencia personal

Volviendo a disfrutar de los videojuegos: mi experiencia personal

No me suele gustar escribir artículos de este estilo cuando estoy en un momento delicado de mi vida, pero llevo postergando mucho tiempo volver a escribir en Voltio. He hablado con Kysu un millón de veces sobre mi próximo texto. Y un millón de veces he cambiado la temática del mismo.

En algún momento os hablaré de Summoner’s Mess, un juego pequeñito desarrollado por Elendow. Es una de esas experiencias extremadamente satisfactorias (y cuesta dos duros en Steam), pero no os hablaré de él hoy.

Hoy os vengo a hablar de algo que me lleva pasando en el último año. Un problema que, por desgracia para mí, ha agravado enormemente otras complicaciones de mi vida. Y es que cada vez me cuesta más disfrutar de los videojuegos.

Cuando tu pasión se convierte en tu trabajo

Empecé a escribir sobre videojuegos hace algo más de 5 años. Y desde entonces, han pasado por mis manos centenares de juegos. De todos los tipos y géneros, además. He compartido redacción con personas a las que a día de hoy considero amigos, y he crecido mucho a nivel laboral y personal.

El único problema viene cuando esa pasión que tienes desde los 5 años se convierte en tu trabajo. Cuando te toca ver algunos títulos como «trabajo» porque, honestamente, no son tu tipo de juego. O cuando te toca devorar un juego que te gustaría dosificar porque toca sacar el análisis o artículo de turno.

Imagen de Elden Ring
Casi 100 horas en una semana. Saturación en estado puro

Esperaba con muchísima ilusión Metroid Dread, y no lo he podido disfrutar. Elden Ring era mi lanzamiento de la década, prácticamente, y también me tocó deglutirlo como un pato. Y eso son solo dos ejemplos de títulos a los que les tenía muchas ganas y que me han dejado cierto sabor agridulce.

Sé que este proceso que me está pasando se conoce coloquialmente como «burnout» (estar más quemado que quemadín, de toda la vida del Señor), y también sé que es temporal. Adoro mi trabajo actual y a mis compañeros, y no me imagino cambiando de sector. No obstante, también soy consciente de que tengo que cambiar la manera en la que afronto mi hobby favorito.

Antes, los videojuegos eran una válvula de escape para los días grises. Y ahora que precisamente vuelvo a estar en un momento de mi vida algo bajo, sé que una de las cosas que puede ayudarme a salir del bache es esto. Jugar, disfrutar de mundos de fantasía y de historias que me atrapen durante horas.

En los últimos tiempos, casi me ha gustado más ver disfrutar a otros con los videojuegos que jugándolos yo. Pero me apetece volver a vivir mi pasión como hace tiempo. Tengo ganas de volver a encontrar el juego que me saque de mis «títulos de socorro», como son Magic Arena o Teamfight Tactics.

Imagen de Shin Megami Tensei V
De momento, me está dando buenas sensaciones.

Undertale y Monster Hunter World han sido dos de los títulos que me devolvieron la pasión. Y ahora, estoy en la búsqueda de mi nuevo salvador. Acabo de empezar el Shin Megami Tensei V (ya era hora, por otra parte) y tengo algunos más en recámara por si la cosa no sale bien.

Es normal que a veces algo que nos gusta mucho deje de hacerlo durante un tiempo. La vida, al final, son etapas y momentos. Lo importante es saber que, si disfrutaste mucho de algo, nunca está de más seguir probando. Sé que volveré a Metroid Dread, y que me gustará. Ya me pasó con Hollow Knight. Y también sé que voy a reventarme Silksong en cuanto salga.

Quiero acabar este artículo con algo positivo, para que no sea una elegía a la pérdida temporal de mi pasión. Puedes convertir tu pasión en tu trabajo. Lo realmente importante si lo haces es recordar todos los días la enorme suerte que tienes de poder estar haciéndolo.

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