Los mensajes de Yakuza Like a Dragon

Los mensajes de Yakuza Like a Dragon

Saeko MukodaNo soy, ni mucho menos, un jugador experto o versado en la saga Yakuza, de hecho, hasta hace más bien poco pensaba que no era para mí. La cosa cambió con Yakuza: Like a Dragon. El cambio en la propuesta jugable y las excelentes críticas que recibió me animaron a probarlo. Sin conocer prácticamente nada de la saga me lancé a la piscina y no encontré solo agua, encontré un océano entero. Desde el carisma de sus personajes hasta lo orgánico de sus misiones y actividades me atraparon desde las primeras horas. Se me hace difícil recordar un personaje que me enamorara tan rápido como Ichiban o Nanba, un personaje de un videojuego que durante las primeras horas ya me hubiera conquistado y casi obligado a empatizar con él. Y esto es más difícil cuando entras de lleno en una saga desconocida y que confieso que no me generaba demasiada simpatía a priori.

¿Qué deja por mensajes Yakuza Like a Dragon?

Sin embargo, aunque Yakuza: Like a Dragon me cautivara en un primer momento por su carisma y desparpajo, y por lo fácil que es enamorarse de sus protagonistas, fue otro factor el que más influencia tuvo en que me dejara un buen sabor de boca. Especialmente con el reposo y el paso del tiempo. Fueron ese tipo de cosas que recuerdas mucho tiempo después de haber terminado el juego en cuestión. El último título de Ryu Ga Gotoku hace un ejercicio magistral a la hora de mezclar tonos y mensajes muy distintos entre sí, e integrarlos de manera orgánica. Consigue la naturalidad de una vida cotidiana, de hacerte sentir que todo eso forma parte de la vida de sus personajes: el drama, las risas, los valores morales, etc.

Estamos acostumbrados a los héroes arquetípicos, y a sus historias que apenas se salen de sus raíles delimitados. Normalmente estos raíles los llevan a través de historias dramáticas de principio a fin, heroicas de principio a fin o absurdas de principio a fin, por ejemplo. Pero, que todo esto se combine es más extraño de ver en el medio, y Yakuza Like a Dragon lo logra con total acierto. Es buen momento para advertir de que a partir de aquí mencionaré elementos que podrían considerarse spoilers.

Yakuza Like a Dragon se desarrolla en una clarísima clave de humor absurdo y desenfadado, y su protagonista principal es una personificación de ello. No obstante, la seriedad, el drama y un buen puñado de mensajes sociales también tienen cabida en la mezcla. Este cóctel se representa a través de los sucesos del juego, y también a través de los mismos personajes, ya que cada uno de ellos representa algunos ideales y actitudes, e incluso algunas problemáticas sociales reales y actuales. El equipo de Ryu Ga Gotoku consiguió elaborar así una combinación que es capaz de abrazar sin complejos su condición de videojuego, ofreciéndonos contenido absurdo e inverosímil que no se molesta en justificar (véase el modo Dragon Karts), y al mismo tiempo muestra una madurez suficiente como para convertirse en un vehículo de comunicación y crítica social. En un medio de expresión artística e ideológica para sus autores.

La lealtad incondicional y tóxica de la Yakuza

La primera de estas muestras llega con el propio Ichiban, el protagonista principal de nuestra historia, y avatar de algunos de los atributos más clásicos del héroe de las aventuras: lealtad absoluta, amor por sus amigos, un entusiasmo optimista e infantil y la negativa constante a la rendición. Quisieron ser tan claros a la hora de mostrar esta faceta del personaje y representar tan explícitamente al héroe clásico que, como resultado, Ichiban es una reinterpretación moderna de Don Quijote. En lugar de obsesionarse con las novelas de caballería, nuestro ex – Yakuza se pasó su adolescencia consumiendo sin parar los videojuegos Dragon Quest, y en lugar de convertir molinos en gigantes, su mente ve a los matones y pandilleros de las calles de Ijincho como monstruos de fantasía salidos de las mazmorras de un JRPG.

Obviamente, todo esto está en su cabeza, pero es una forma de transmitirnos dos ideas claras: la permanencia del espíritu infantil en las personas y las virtudes asociadas a dicha etapa, como la inocencia o la sinceridad. No obstante, el mensaje que transmite Ichi también posee un lado duro y cruel, y es que nos enseña que muchas veces, por muy romantizada que esté, la lealtad ciega y absoluta no tiene nada de positivo o beneficioso.

Esa escena en la oficina de Arakawa, mientras vemos el rostro de Ichi cambiar a medida que entiende el egoísta y sacrificado favor que le pide su maestro, es una dura lección que llega muy temprano. Vemos llorar a un personaje con el que llevamos, como mucho, un par de horas, y podemos empezar a sentir su dolor y, al mismo tiempo su orgullo. Y es que él acepta el sacrificio de buen grado, y sus lágrimas pueden interpretarse como tristeza y miedo, o como orgullo y alegría, o tal vez todas a la vez. No obstante, personalmente, e independientemente de lo que sienta Ichi, creo que el mensaje del juego es claro: la fe ciega es un veneno.

A consecuencia del sacrificio que Ichi asume por Arakawa, a quién considera un padre, pasa 19 años en la cárcel, los años de su juventud concretamente… Sin embargo, aguanta la condena con entereza, y alegrándose con el mero pensamiento de que su maestro lo esté esperando cuando abandone la prisión. Sueña con el emotivo reencuentro. Pero, este ideal tampoco se cumple, y lo que ocurre en su lugar ayuda a asentar el mensaje de que la lealtad incondicional no siempre se ve recompensada.

A veces, por muy buenos que seamos, aquellos en los que confiamos nos darán la espalda. Y sí, en la recta final del juego Arakawa se sincera y nos cuenta por qué se vio obligado a hacernos lo que nos hizo. Pero, para mí, el mensaje sigue siendo igual de claro y rotundo: el sacrificio altruista y continuado sin tener en cuenta tu propio bienestar puede ser muy dañino.

Marginalidad social y discriminación en Yakuza Like a Dragon

Poco después de este inicio el juego me lanzó el mensaje más actual, real y cruel de los que contiene, al menos desde mi punto de vista. Está relacionado con la marginalidad, la pobreza, la discriminación social y el discurso de la cultura del esfuerzo.

Es por ello por lo que está estrechamente relacionado con nuestra realidad actual, y con la situación que viven muchísimas de personas en nuestro país, y casi en cualquier lugar del mundo. Así que fue fácil que calara muy fuerte y me empujara a reflexionar mientras seguía con el mando en las manos. Se condensa, sobre todo, en una escena en el campamento de mendigos en el que vive Ichi durante sus primeros días en Ijincho. Aunque fuera con la mejor de las intenciones, Ichiban se indigna ante las condiciones en las que viven los mendigos, y con un discurso muy típico de la cultura del esfuerzo les echa en cara que están así por que quieren.

Les dice que si se esforzaran todos podrían conseguir un trabajo decente y vivir mejor. La reacción de Nanba ante sus palabras refleja el otro lado de la sociedad, la otra visión. La visión de los que están abajo, los que han luchado por subir y saben que, muchas veces, las recompensas por el esfuerzo no llegan. Los que saben que hay barreras insalvables y obstáculos injustos que mantienen a muchas personas en el fondo de la sociedad, lejos del bienestar y la comodidad. Ante el varapalo de realidad, Ichi recula en su postura, pero no del todo, porque su arquetipo de personaje no se lo permite. Como el optimista irredento que es, insiste en que no deben dejar de luchar por salir de la situación en la que se encuentran.

Cambiando de tono, no todo lo que nos cuenta el juego es triste y cruel, también contiene mensajes positivos, relacionados con la personalidad de Ichi, su entusiasmo infantil, y su conflicto de ánimos con Nanba. Estos dos personajes son dos caras de la misma moneda: el desencantado y amargado contra el eterno soñador. Y ambos se contagian mutuamente en distintos momentos de la aventura. Durante la primera mitad del juego, en la que es la primera charla íntima de estos dos personajes, Ichi se derrumba momentáneamente.

El héroe de la historia cree que no ha logrado nada, que sus mejores años se han ido y que ha perdido las riendas de su vida. Sin embargo, es Nanba el que asume el papel de su amigo y le convence de que aún puede reconducirse hacia dónde quiera, de que la edad es experiencia, y de que siempre se pueden lograr los sueños. Con este mensaje, Yakuza Like a Dragon carga contra ese ideal presente en la sociedad, especialmente en la japonesa, que empuja a las personas a sentirse incompletas si no han logrado ciertas cosas a una determinada edad. Ichi, inmerso en su habitual mundo interno, lo entiende a su manera…

El enfoque equivocado

Dejo para el final el mensaje que considero más errado o mal trasladado, dónde el juego comete el único patinazo narrativo que encontré. Yakuza Like a Dragon aborda temas como la trata de blanca o la cosificación y sexualización de la mujer en la sociedad japonesa. Sin embargo, desde mi punto de vista, está enfocado de manera errónea. Inicialmente puede parecer que la postura de la obra hacia estos temas es de rechazo total, pues nuestro encargo es pararle los pies al dueño de una agencia dedicada a contratar chicas y concertar citas con los clientes, un soapland, como se define en la cultura japonesa. Incluso vemos como Nanba increpa con vehemencia al dueño del local, lo desprecia y desprecia lo que hace.

También vemos como un grupo social llamado Bleach Japan lucha por eliminar este tipo de negocios, y denuncia las horribles situaciones que viven las mujeres que se ven empujadas a estas actividades. Sin embargo, el juego nos presenta a Bleach Japan como un enemigo, y acaba retorciendo su origen e intenciones como entidad. Nos plantea unos cimientos de la organización que nada tienen que ver con sus aparentes intenciones sociales, y que está manchado por la corrupción. Añade elementos conservadores y paternalistas a la intención inicial de luchar contra la situación irregular e ilegal de muchas mujeres en Ijincho, que se encuentran desprotegidas ante la ley en Japón. Y por si fuera poco, los sucesos acaban empujando a Ichi a considerar de otra forma al dueño del soapland. Incluso llega a defenderle y a luchar por él. Así que, en este aspecto, Yakuza Like a Dragon se queda a medio camino, e incluso lanza el mensaje equivocado.

Yakuza: Like A Dragon Bleach Japan 2

A pesar de este tropiezo, la obra de Ryu Ga Gotoku consigue integrar una serie mensajes que llevan su argumento al siguiente nivel. Son mensajes que le permiten convertirse en una obra seria y adulta, con muchas intenciones. Que va más allá de la función lúdica. Y, sin embargo, sigue dejando claro que es un videojuego y que no se avergüenza de ello. Que se puede integrar lo absurdo sin dar demasiadas explicaciones para justificarlo, y que esto no le resta validez narrativa al total de la obra.

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